De creole a lengua ayitiana: crónica de un viaje

"Es el siglo de la luz. Año de la Revolución francesa. Pero no estamos en Francia, sino en la isla de Saint-Domingue: La perle des Antilles para el mundo; averno para los africanos. Dos etnias comparten esta contra-dicción: por un lado, los franceses; blancos, amos, esclavistas, vendedores de humanos; y por otro, los africanos: negros, esclavos, mercancías. Dos religiones se confrontan: el catolicismo, que predica la explotación y la conversión del hombre negro en animal, y su aniquilación; el vodú, que predica la libertad y la igualdad de derechos."

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Un poeta y turista ayitiano en la República Dominicana

"Voy por las calles con la cabeza girando como una veleta. El ruido de los motores me asusta, el grito de un niño me asusta, la carcajada de las prostitutas también. Siempre pienso que es un policía gritando que me detenga, que les muestre mis documentos, y luego esperar a que decidan si es falso u original. Hace tiempo que, antes de salir de mi casa, llevo conmigo mi pasaporte, mi carnet de plan de regularización, mi carnet de profesor, mi carnet de estudiante, mis libros publicados, los recibos de casa, de la luz…"

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Autopsia del drama Ayitiano

—¿A qué crees que se debe esa autodestrucción? —preguntó Gregorio. Esta es la gran pregunta, le dije. Y al tratar de encontrar una respuesta adecuada, se me ocurrió pensar en la etimología de la palabra «educación»; del indoeuropeo ex ducere (que da educatio, -ōnis, educare en latín), que significa conducir, llevar, sacar lo mejor de cada uno.

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Vendaval de noticias

"en la alfombra roja de los grammys y goyas / los looks de las celebridades / han pasado por los anales de la Historia. / en la alfombra roja de gaza / restos humanos desfilan / por los anales del corán."

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Lo que callamos en la 'camiona'

"Te suben en la camiona que, llena de basura y humedad, apesta lo mismo que las celdas de detención. Una vez metido ahí, no tienes derecho a bajar para hacer tus necesidades sin importar la cantidad de vueltas que le den a la ciudad en busca de otros «animales» como tú. Y cuando ves la manera como los cazan, no sabes si dar las gracias por haber sido detenido por la policía, y así no tener que ser perseguido como si hubieses cometido el peor de los crímenes. La impotencia, la rabia, te llenan a reventar. Te asaltan las ganas de llorar. Te resistes, para no darles el maldito placer de disfrutar de tu humillación, de gozar de su absurda venganza. Pero ¿de qué se vengan? ¿qué les habremos hecho para suscitarles tanto odio, tanto desprecio?"

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