De creole a lengua ayitiana: crónica de un viaje

Published on January 1, 2025 at 4:03 PM

"Es el siglo de la luz. Año de la Revolución francesa. Pero no estamos en Francia, sino en la isla de Saint-Domingue: La perle des Antilles para el mundo; averno para los africanos. Dos etnias comparten esta contra-dicción: por un lado, los franceses; blancos, amos, esclavistas, vendedores de humanos; y por otro, los africanos: negros, esclavos, mercancías. Dos religiones se confrontan: el catolicismo, que predica la explotación y la conversión del hombre negro en animal, y su aniquilación; el vodú, que predica la libertad y la igualdad de derechos."

 

Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra…

Pero a los bárbaros se les caían de las botas,

de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas,

las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma.

Salimos perdiendo… Salimos ganando…

Se llevaron el oro y nos dejaron el oro…

Se lo llevaron todo y nos dejaron todo…

Nos dejaron las palabras.

Pablo Neruda, Confieso que he vivido (54)

***

Nenpòt kote sovaj yo te pase yo te ravaje tout tè…

Men pawòl yo, byen klere, te tombe sot nan bòt yo,

nan bab yo, nan kas yo, nan fè chwal yo,

tankou bèl ti wòch, epi yo rete la y ap briye… Lang lan.

Nou pèdi… Nou genyen…

Yo bwote lò yo ale, men yo bay nou tout bagay…

Yo bay nou mo yo.[1]

I

Es el siglo de la luz. Año de la Revolución francesa. Pero no estamos en Francia, sino en la isla de Saint-Domingue: La perle des Antilles para el mundo; averno para los africanos. Dos etnias comparten esta contra-dicción: por un lado, los franceses; blancos, amos, esclavistas, vendedores de humanos; y por otro, los africanos: negros, esclavos, mercancías. Dos religiones se confrontan: el catolicismo, que predica la explotación y la conversión del hombre negro en animal, y su aniquilación; el vodú, que predica la libertad y la igualdad de derechos.

Ya no se ven taínos. Casi todos asesinados anteriormente por los españoles.

Con 789 plantaciones de algodón, 3100 de café, 3100 de índigo (añil), 673 de víveres y casi 800 ingenios de azúcar (Di Tella 23), la isla es adornada con sus mejores prendas y, para mantener su belleza, se nutre de carne, sangre, sudor africanos y de mierda francesa.

La comunicación entre las dos entidades es un desastre. Entre los franceses, se habla en francés. Entre franceses y esclavos, se habla en látigos, cadenas, máscaras de hierro o collares de ahorque. Entre los africanos, se habla en wolof y en las lenguas gbè. Lo que hace que hasta entre estos últimos la comunicación sea otra catástrofe; por lo tanto, hay que aprender el francés, o algo lo más próximo al francés, o algo de uso común. Así, pues, empieza la odisea de la comunicación de los esclavos.

Los oídos colgados a los labios del amo, los esclavos empiezan a pescar migajas de palabras, desentrañarlas para su sustento. Sin embargo, se presenta otro obstáculo: pronto descubren que por mucho que se esfuerzan no logran asimilar la pronunciación de esa lengua extraña y ajena. Por ejemplo, cuando escuchan moi (yo), repiten mwen; vous, tu (vosotros, tú): ou; il (él): li.[2] También toman fragmentos franceses menos difíciles y los remiendan con sus idiomas. Por ejemplo, cuando escuchan: Comment ça va? (¿Cómo estás?), dicen: Kòman ou ye?; aunque este último puede haber nacido de Comment tu es? Sin embargo, en vez de desanimarse, se entusiasman. Porque, ya que no poseen nada, se percatan de que pueden construir algo nuevo, algo propio. Además, ¿qué mejor manera de burlarse del amo que distorsionar su idioma? Por otro lado, con esta nueva jerga, los que no hablan las lenguas gbè o el wolof pueden entenderse y, además, despistan a los intérpretes del amo que entienden los idiomas africanos. Ahora logran comunicarse entre ellos exclusivamente. Así pues, nace Creole. Gracias a ella, se consolida la unión de los africanos, lo que a su vez lleva a la revolución más grande en contra de la esclavitud; y con ello, nace Ayití[3] (Larose).[4]

II

Durante la primera fase de su metamorfosis, Creole se da cuenta de que tiene, como cualquier idioma, un poder inmensurable: el de aniquilar o construir, de unir o dividir. Así pues, piensa, si puede hacer todo esto siendo un dialecto chapurreado, ¿qué no podrá si se desviste de las prendas y falsos ornamentos coloniales para convertirse en una lengua, no solo soberana, sino en una lengua tanto hablada como escrita; tener sus propios adornos, su propia identidad? Entonces sale en busca de los poetas e intelectuales. Pero el viaje es rudo y triste. Durante 79 años, desde 1804 hasta 1883, los círculos importantes la rechazan, las plumas de los poetas la humillan, el himno nacional la excluye. “Además –dice Saint-John Kauss–, entre 1750 y 1950, cerca de dos siglos de vida, no se puede lamentablemente contar más de cinco a seis poetas que se expresan al margen “del creole”. Todo eso demuestra que desde siempre… fue y es una lengua despreciada y descuidada por los intelectuales ayitianos” (2). A Creole le embarga un dolor inefable. Esa declaración le entristece, aunque bien sabe que sí, hay poetas que de verdad le desprecian.[5] Sin embargo, como buena madre, perdona a Kauss esa ocurrencia porque, en el fondo, conoce el eterno dilema contra el que luchan sus poetas: “Tener una literatura sin lectores o una literatura sin lengua”, como expresa su amado Georges Castera (2015).

El caso es que, durante la primera fase de su metamorfosis, Creole es (percibida como) una mujer coja, desgarbada, impura, con las facciones defectuosas. Ejemplo de ello es la vez en que François Roman Lhérisson la evoca, en algún mes cualquiera del 1819, para cantar sus Chansons Creoles:[6]

Grand maman moin dit: nans Guinée,

Ma maman m'a raconté qu'autrefois en Guinée. (Hazaël-Massieux 239)

***

Mi abuela dice: en Guinea,

Mi madre me contaba que antaño, en Guinea.

La invitación es mediocre y débil, porque el poeta obliga a Creole a vestirse a lo francés para cantar su belleza. Todas las prendas son francesas (grafía: Grand, Guinée, qu’autrefois; tiempo verbal: m’a raconté), con la sintaxis en creole. La ofensa para Creole es una bofetada. Siente que su belleza –no es que no alcance todavía el canon de lo que es una lengua–, sino que no es auténtica. Quizás por eso la desdeñan, se dice. Sin embargo, rumiando las humillaciones de los años anteriores, agradece el hecho de que alguien por fin se haya fijado en ella, a pesar de que la vista con harapos franceses. Y, como si fuese poco, vive en un lugar donde todo está en pañales. Solo los prejuicios están en su apogeo. La tarea se hace difícil. “Lè yo te esklav, m se te fanm ki te pi bèl nan je yo. Kounya yo lib”,[7] piensa Creole. La única manera de alcanzar una belleza embriagadora y legítima es ser amada, y Creole lo sabe. Es así que recoge su orgullo, recorre de boca en boca, a sus anchas, la recién nacida República. Busca refugios en los cuentos populares, en labios de viejos y borrachos; en labios de las abuelas, bajo los mangos, los naranjos, los caneleros, al caer la tarde. Se encariña con los campesinos, los únicos que le rinden honor y agradecimientos. Por lo tanto, decide codearse con ellos. Se emborracha de clerén y de krik krak. A pesar de que muchos de los poetas e intelectuales son mulatos, egresados de universidades de Francia, y que hacen del francés su esposa, Creole no los culpa. Piensa que sus rechazos hacia ella están condicionados por su educación colonial o, a lo mejor, el rechazo no es de ellos ni de sus plumas, sino del folio donde escriben, que es blanco o mulato. De modo que Creole debe desempañarles los ojos y mostrarles la belleza de su negritud. Pero, ¿cómo hacerlo?

Así pasa el tiempo, marginada en su rincón junto a los campesinos. Hasta que un día, con la esperanza ya perdida, exactamente en 1883, Creole recibe otra invitación, más dulce y placentera, del poeta Oswald Durand, quien la invoca para ayudarla a llorar el abandono de Marie-Noelle Belizaire en el poema “Choucoune”:

Dèiè yon gwo touff pingoin

L’aut’jou, moin contré Choucoune;

Li sourit l’heur’ li ouè moin,

Moin dit: “Ciel ! a là bell’ moune!”

Li dit: “Ou trouvez çà, cher?”

P’tits z’oéseaux ta pé couté nous lan l’air…

Quand moin songé ça, moin gagnin la peine,

Car dimpi jou-là, dé pieds-moin lan chaîne!

***

Detrás de un penacho de cacto,

El otro día, conocí a Choucoune;

Ella sonrió al verme

Digo: “¡Cielos! ¡Qué hermosura!”

Dice: “¿Te parece, querido?”

Los pajarillos nos escuchaban en el aire (bis)…

Cuando recuerdo eso, me apeno.

¡Pues desde ese día, estoy atado de pies y manos! (bis)

***

Choucoun’ cé yon marabout:

Z’yeux-li clairé com’ chandelle.

Li gangnin tété doubout…

—Ah! si Choucoun’ té fidèle!

—Nous rété causer longtemps…

Jusqu’ z’oéseaux lan bois té paraîtr’ contents!…

Pitôt blié ça, cé trop grand la peine,

Car dimpi jou-là, dé pieds moin lan chaîne!

***

Choucoune es un Marabout:

Sus ojos brillan como velas.

Puntiagudos son sus senos…

—¡Ah! Si Choucoune hubiera sido fiel

—Nos quedamos hablando mucho tiempo…

¡Hasta las aves de los bosques parecían contentas!...

Mejor olvido aquello, demasiado grande la pena,

¡Pues desde ese día, estoy atado de pies y manos! (bis)

***

P’tits dents Choucoun’ blanch’ com’ lait'

Bouch’-li couleur caïmite;

Li pas gros femm’, li grassett’:

Femm’com’ ça plai moin tout d’suite…

Temps passé pas temps jodi!…

Z’oéseaux té tendé tout ça li té dit…

Si yo songé çà, yo doué lan la peine,

Car dimpi jou-là, dé pieds moin lan chaîne.

***

Blancos como la leche los dientecitos de Choucoune,

Color caimito su boca:

No es mujer obesa, solo rolliza:

Mujer como ella me fascina enseguida...

¡Tiempos pasados no son tiempos de hoy!…

Los pajarillos escucharon sus promesas…

Si se acuerdan, deben estar entristecidos,

¡Pues desde ese día, estoy atado de pies y manos!

***

N’allé la caze maman-li;

—Yon grand moun’ qui bien honnête!

Sitôt li ouè moin, li dit:

“Ah ! moin content cilà nette!”

Nous bouè chocolat aux noix

Est-c’tout çà fini, p’tits z’oéseaux lan bois?

—Pitôt blié çà, cé trop grand la peine,

Car dimpi jou-là, dé pieds moin lan chaîne.

***

Fuimos a casa de su madre:

—¡Una doña muy honrada!

Tan pronto me vio, dijo:

“¡Ah, he aquí uno que me encanta!”

Tomamos chocolate con nuez…

¡Ya se acabó todo, pajarillos del bosque!

—Mejor olvido aquello, demasiado grande la pena

¡Pues desde ese día, estoy atado de pies y manos! (bis)

***

Meubl’ prêt’, bell’ caban’ bateau,

Chais’ rotin, tabl’ rond’, dodine,

Dé mat’las, yon port’manteau,

Napp’, serviette, rideau mouss’line…

Quinz’ jou sèl’ment té rété…

P’tits oéseaux lan bois, couté-moin, couté!…

Z’autr’ tout’ va comprendr’ si moin lan la peine,

Si dimpi jou-là dé pieds-moin lan chaîne…

***

Muebles listos, hermosa cama trineo,

Sillas de mimbre, mesa redonda, mecedora

Dos colchones, un perchero,

Manteles, toallas, cortinas de tul…

Solo faltaban quince días…

¡Pajarillos del bosque, escúchenme, escuchen!...

Comprenderán si no estoy apenado,

Pues desde ese día, estoy atado de pies y manos.

***

Yon p’tit blanc vini rivé:

P’tit’ barb’ roug’, bell’ figur’ rose;

Montr’ sous côté, bell’ chivé…

—Malheur moin, li qui la cause!…

Li trouvé Choucoun’ joli:

Li parlé francé, Choucoun’ aimé-li…

Pitôt blié ça, cé trop grand la peine,

Choucoun’ quitté moin, dé pieds-moin lan chaîne!

***

He aquí que llega un niño blanco:

Perilla roja, hermoso rostro de tez rosada;

Reloj a un lado, hermosa cabellera…

¡Ay de mí!, ¡la causa de mi desgracia!

A Choucoune la encuentra hermosa:

Habla francés y Choucoune se enamora…

Mejor olvido aquello, demasiado grande la pena,

Choucoune me dejó, estoy atado de pies y manos.

***

Çà qui pis trist’ lan tout ça,

Çà qui va surprendr’ tout’ moune,

Ci pou ouè malgré temps-là,

Moin aimé toujours Choucoune!

—Li va fai’ yon p’tit quat’ron…

P’tits z’oéseaux, gadé! P’tit ventr’-li bien rond!…

Pé! Fémin bec z’autr’, cé trop grand la peine:

Dé pieds pitit Pierr’, dé pieds-li lan chaîne![8]

***

Lo peor de todo,

Lo que a todos sorprenderá,

Es que después de tanto tiempo,

¡Aún amo a Choucoune!

—Va a tener a un pequeño mestizo…

¡Pajarillos, miren! ¡Su barriguita es bien redonda!...

¡Silencio! ¡Callen sus picos! demasiado grande la pena:

¡Ti Pierre está atado de pies y manos![9]

A pesar de que tiene que vestirse de nuevo a lo francés, la diferencia esta vez es bastante notable. Porque parte de las prendas son un remiendo para crear prendas nuevas, únicas, personalizadas, como: gnou, z’oézeaux, ouè, por ejemplo; y otras ya son típicas, como: Dèiè, moune, pou… y el tiempo verbal: ta pé coûté, té tandé… Las huellas del francés, que le agrietan la piel, la molestan y le arrancan suspiros de tristeza, sin embargo, hay un dejo de orgullo y de satisfacción. “Sa pa fè lontan, pye m t ap glise  sou po plim ak papye yo, ki te rayim. Men kounya fòm selebre ti siksè yo”,[10] así habla y va disfrutando los pequeños éxitos. Entonces ocurre algo, y es que en el reflejo de sí misma que le muestra “Choucoune”, Creole descubre que no cojea como antes, ni su rostro está tan torcido. Quizás por eso, piensa, más poetas empiezan a cortejarla. Masillon Coicou, por ejemplo, con Reproche de Ti Yvette (Quejas de la pequeña Yvette) (1901); Georges Sylvain, con sus fábulas, Cric Crac[11] (1901)…, y el que más la defendió, Jean Price-Mars, en su obra maestra Ainsi parla l’oncle (Así habla el tío) (1928), “para testificar el folklore en la literatura” y, de paso, exaltar seriamente a Creole, como la mujer más bella de una tradición. Imagine usted la alegría loca de Creole, su paroxismo.

A medida que más poetas la van cantando y evocando, más hermosa y joven se va poniendo. Prendas gramaticales y fonéticas van adornando sus facciones. Sin embargo, Creole está cansada de vestirse a lo francés, de ser poseída y no posesora, de ser sirvienta y no dueña. Así que piensa: “e si olye m tann yo rele m m met men m sou yo?”.[12] La idea es seductora, pero Creole teme ser demasiado engreída, entrometida. “Fè pwese se bato san gouvènay, san gid. Li pi bon sim tann”,[13] dice. La paciencia no es algo que le falte. Entretanto, decide visitar a los novelistas. Se mira en sus creaciones, con cautela. Pues después de “Choucoune”, teme que, si busca sus plumas, se resbale. “So sa ka fatal”,[14] se dice. Por eso, mira las novelas de reojo, flirtea con ellas a distancia, como con La famille des Pitite-Caille (La familia Pitite-Caille) (1905) de Justin Lhérisson (1873-1907):

—Etè ! Nou ta couté ou ! ou cé l’oraille calé.

—Voisins, prend précautions nou ! femme-la, cé cochon sans poèl; li gangin baka pou li nouri !

—Vye bazi minnin coinda, ou mett bombé jipon ou, vié madanm, madanm patecrouè ou cé vent minnin d’leau poussé… (11)

***

—¡Oh! ¡Te haríamos caso! Eres un rayo parido.

—Vecinos, tengan precaución. Esa mujer es una cerda sin vellos; tiene baka que alimentar.

—Portadora de desgracia, sigue hinchando tu enagua, anciana, asustada, eres lo que trae la brisa y lo que empuja el agua…

Aquí, Creole reconoce la inseguridad de Justin Lhérisson entre el uso de la c y la k; entre la s y z, las primeras: francesas, las segundas: ayitianas. Y las prendas francesas persisten: l’oraille (rayos), voisins (vecinos), d’leau (agua)… Mientras, en Zoune chez sa ninnaine (Zoune en casa de su madrina) (1906), del mismo autor (“Nou pas criquins vivants, mé zamis; nou cé bêtes nou vive cou bêtes”),[15] que se inspiran en una forma narrativa oral típicamente ayitiana: los Odyans o Lodyans, pasa lo mismo.

Luego Creole flirtea con el Gran Jacques Roumain (1907-1944), en su novela más famosa, Gouverneurs de la rosée (Gobernadores del rocío) (1944), llena de regionalismos, frases y entonaciones criollas afrancesadas. Lo que da lugar a una lengua de fusión que corresponden a una estética singular:

—Femme-la dit, mouché, pinga ou touché mouin, pinga-eh

A té

M’ap mandé qui moune

Qui en de dans caille là

Compè répond:

C’est mouin avec cousine mouin

Assez-é! (2007, 11)

***

—La mujer dice: señor no se atreva a tocarme, no se atreva.

Abajo

Yo pregunto quién

Quien está en la casa

Mi compadre responde:

Yo con mi cuñada

¡Zafrisco! (2004, 125)

A diferencia de Justin Lhérisson, quien a pesar de sus inseguridades establece el verbo se (ser), aunque escrito con c, Roumain sigue con el uso de c’est, verbo francés être, origen de se. Y esto no es lo que busca Creole. Pues, como dice Desrivieres en su “Brève exploration de la littérature en langue créole en Haïti, de ses balbutiements à son affirmation”:

recordemos que, la mayoría de los escritores que han buscado ilustrar esta literatura hasta entonces, ya sean de la Generación de la Ronde o del movimiento Indigéniste, ya sean escritores reclutados o poetas aislados, todos se dirigieron hacia el mundo campesino, hacia el genio de la cultura popular y tradicional, en definitiva, hacia fuentes inagotables que deben irrigar, las más de las veces, su discurso identitario. La consecuencia más deplorable, para algunos, sigue siendo, por supuesto, la tenaz subordinación de la escritura criolla a las prácticas orales (2011b).[16]

En 1915, con el inicio de la ocupación de los EE. UU., ocurre algo importante. Creole se siente frustrada, preocupada. No puede darse el lujo de quedarse inerte. Es cuando decide no esperar a que la evoquen y empieza a apoderarse de todas las plumas sin importar sus dueños. Es así como Creole dio con Félix Morisseau-Leroy (1912-1998), quien publica, en 1951, en Puerto Príncipe, una colección de 13 poemas titulada Diacoute (bolsa campesina, hecha de fique). Creole se enamora de Morisseau, porque no solo la viste de prendas criollas, sino que la despoja de los artilugios de la poesía francesa, como la estructura métrica y la versificación. En toda su belleza y regocijo, Creole baila con los versos de Morisseau sin cojear, en el poema “Kristyan Bolye o”:

M ap ekri yon liv an kreyòl

M ap ekri pou ou

Pou tout moun ou te renmen

M a voye l Lamatinik

M a voye l La gwadloup

Voye l Lagiyàn

Voye l Lil Moris pou yo li l

M a voye l Lalwizyàn tou

M a li l nan radyo pou tout moun tande

M ap ekri yon liv nan lang pa m

Mesye a yo mèt ri

M konn sa m ap fè

M gen 2 ou 3 bagay pou m di

M gen yon koze pou m koze

Ak moun pa m

***

Estoy escribiendo un libro en creole

Escribiendo para ti

Para todos los que amaste

Lo enviaré a Martinica

Lo enviaré a Guadalupe

Lo enviaré a Guyana

¡Envíalo, Morisse, para que lo lean!

Lo enviaré también a Luisiana

Lo leeré en la radio para que todos lo escuchen

Escribo un libro en mi lengua

Los señores pueden reírse

Yo sé lo que hago

Tengo dos o tres cosas para decir

Tengo cositas para hablar

Con mi gente.

Aquí, ya desaparece la inseguridad. Moin es sustituida por M; La k y la z se impone sobre la c y la s; ya no se escribe causé, sino koze. La g toma protagonismo y no le hace falta ningún acompañante, como la u, para reforzar su sonido gutural… De ahí que, como expresa Desrivieres:

Algunos críticos, como Georges Castera, por ejemplo, consideran la publicación de este delgado librito como “el punto de partida de la poética creole al poner fin a las pequeñas canciones dulces [...], así como a las traducciones de fábulas de La Fontaine al criollo haitiano”[17] (revista Notre Librairie, no. 133, 97)… para apoyarse en el verso libre que marca el comienzo del siglo XX” (2011b).

Tras la publicación de Diacoute, Creole toma la total libertad de seducir a varios poetas, como Emile Roumer, quien, en su “Lettre à Wallace Fowlie”, la invita a ser su amante favorita:

Créole cé oun langue riche et non méli-mélo

Aussi m’ta vlé connin pour m’traduire Othello

Meilleur styliste anglé qui traité prosodie.

Francé, pauvre en accents, pour obvier maladie

***

Creole es una lengua rica y no un batiburrillo

También quiero conocerla para traducir a Othelo

Mejor estilista inglés que trata la prosodia.

Francés, pobre en acentos, para obviar enfermedades.

***

Besoin rimes ac oun compte syllabes pour extropier;

Langue anti-poétique, ce oun bête à mille pieds.

Même ac lumière coucouille, ver-luisant ou lampyre

Foc m’rende en créole, vers magique à Shakespeare.

***

Necesito rimas y un contador de sílabas para mutilar;

Lengua antipoética, bestia con mil patas.

Hasta con luz de cocuyo, verso-luciente o lampírido,

Debo traducir al creole los versos mágicos de Shakespeare.

En Roumer, todavía están las inseguridades de las que ya se ha librado Morisseau-Leroy. El contraste es notable, donde Roumer escribre besoin, Morisseau sin dudas hubiera puesto bezwen. Pero Creole se lo perdona, porque reconoce que no es lo mismo criarse en el corazón de los acontecimientos (es decir, en Ayití), que criarse fuera de ellos (en el exterior).

Creole se apodera de la pluma de Charles Fernand Pressoir: Sè-t poè-m ki sò-t nan mò-n (Este poema que sale de la montaña) (1954); Emile Célestin-Mégie: Dizhuit me (18 de mayo) y Trayizon (Traición) (1955); Franck Fouché: Pou Chanter Price-Mars (Para cantar a Price-Mars) (1956); Paul Laraque, alias Jacques Lenoir: Cè-volant (para dominicanos o cubanos: chichigua, chiringa, papalote) (1956); Claude Innocent: Mimola (1906) y Georges Castera, quien puso a Creole a bailar como si no hubiera mañana, en su poema “Lè ou ri” (“Cuando ríes”) (2022). Por primera vez alguien canta su risa, y al oírla se diría las pisadas de la lluvia sobre tejado de zinc:

Lè ou ri

Figi-w kase kòd,

ou ri tout ri

ki nan kò-w

ou ri tout solèy,

tout lalin

tout lari

brase ansanm,

ou pase yo lan rizib,

pase yo lan krib

fen fen

jistan lonbrit

tout chimen

ateri lan plamen-ou.

 

Lè ou ri, cheri,

se kouri van ape kouri

pou-l vin ri

avè-w.

Lè ou ri

se konsi se solèy

ki poze lan men-m

an milyonven ti moso

zenglen mouri-limen.

 

Chak kou ou ri,

M’ri tou

pou-m mouri ak ri

lan bra-w,

pou-m mouri

lan latouni ak ri.

***

Cuando ríes

Tu rostro rompe sogas

Ríes todas las risas

De tu cuerpo

Ríes todos los soles

Todas las lunas

Todas las calles se abrazan,

Te mofas de ellas,

Pásalos por la criba

Fino finísimo

Hasta que el ombligo

De todos los caminos

Se aterricen en la palma de tus manos.

 

Cuando ríes, cariño,

El viento viene corriendo

Para reír contigo.

Cuando ríes

Es como si el sol

Se posara en mis manos

En un millón vente[18] de pedazos

… muere luciendo.

 

Cada vez que ríes,

Río también

Para morir de risa

En tus brazos,

Para morir

… de risas.

La similitud entre Castera y Morisseau complace a Creole. Se siente libre en sus prendas de yute, en sus vestidos labrados con hilos y telas peculiares. Ya no usan la quand francesa sino lè. Ya no se escribe soleil, sino solèy…

Entre 1954  y 1958, este grupo de poetas abre el camino a la modernidad. Esculpen de tal manera la belleza de Creole que ya no teme lanzarse. Y provoca, en 1965, su verdadera eclosión con el Mouvement Creole. Este, como su nombre afirma, al decir de Kauss en “La poésie haïtienne d’expression créole”: “representa [...] el primer movimiento literario haitiano verdaderamente de expresión créole” (5),[19] pues la renueva, y salva a Creole de la equívoca percepción de ser una lengua de esclavos, para darle su verdadero matiz: lengua inventada para supervivencia, la lengua madre de libertos.

En ese movimiento, Creole amplía su conquista en todos los géneros. No hay que olvidar la Sosyete Koukouy (Sociedad Luciérnaga) de New York. De 1970 a 1980, Creole no deja de atraer a más plumas. A cada poemario, cada obra de teatro, su belleza crece y crece sin igual. Así hechiza a Rassoul Labuchin en Trois colliers maldioc (1962) y Compère (Compadre) (1966):

Flora cé gnou belle femme

gnou belle belle ti Romaine

Villon pa té ça vive

Sans Flora belle Romaine

Dis moin non belle Flora

Lan qui pays ou yé

***

Flora es una mujer bella

Una bella bella Romana

Villon no podía vivir

Sin Flora bella Romana

Dime bella Flora

En qué país estás

Dépis Villon mouri

Flora éternité

Tounnin gnou bourasse vent

Cap maché fait dégat

Dis moin non belle Flora

Lan qui pays ou yé

***

Desde que Villon falleció

Flora eterna

Se vuelve ráfagas de viento

Que andan destruyendo

Dime bella Flora en qué país estás.

De nuevo coquetea con Georges Castera: Klou gagit (Clavo tachuela) (1965); Dominique Batraville: Boulpik (1978); Rudolph Muller: Paroles en pile (Parloteo) (1978) y Zinglin (1979); Pauris Jean Baptiste: Peyi zoulout (1979), Boukèt espwa (Ramo de esperanza) (1980); Mercedès Foucard Guignard, Deyita: Majòdyòl (1981), Esperans Dezire (Esperanza deseada) (1989); Pierre Richard Narcisse: Dèy ak lespoua (Luto con esperanza) (1979); Lyonel Trouillot: Depale (Desvariar) (1979) y Zanj nan dlo (Ángel en el agua) (1995)…

Creole está tan segura de sí, de su identidad ya asentada, su belleza y orgullo inquebrantables, que decide libar sin cautela, como antes, las plumas de la diáspora, y seduce a Mac Donald Prosper: Fouetkach verite sou tanbou (Latigazos de verdad sobre tambor) (1983), Michel-Ange Hyppolite: Anba Lakay (Allá en casa) (1984) y Zile nou (Nuestra isla) (1995); Jacques Louverture: Pweziguede (Poesía de Guedé)[20] (1985); Bob Lapierre: Malfini-Byenfini (Termina mal-Termina bien) (1986); André Fritz Dossous: Pataswèl (1987); Serge Madhère: Piti Piti plen kay (Pequeño es pero llena la casa) (1987); Kesler Brezo: Maskilanje (1987), Parentèz (Paréntesis) (1988) y Plofil (1990); Emmanuel Eugène: Ekziltik (1988); Kiki Wainwright: Pikliz (1988) y Zepon file (Espolón agudo) (1994); Maurice Cadet: Chalè Piman (Calor de pimienta) (1990); Lenous Suprice: Bwamitan (Viga medianera) (1993); Jean Robespierre Désiré: Powèm pou youn Ayiti tounèf (Poesía para un Ayití nuevo) (1994); Emmanuel Védrine: Koze lanmou (Palabritas de amor) (1995); Denize Lotu: Boula pou youn metamòfoz zèklè (1987); Jean-Marie Willer Denis, alias Jan Mapou. Y asimismo a Karl Henry Rey: You cho you dous (Un caliente uno dulce) (1989), quien así la canta:

Pwezi pa m’pale de koze lakay

Koze salon lakay koze galeri lakay

Koze lakou lakay tou

Koze tout chimen detounen lakay

***

Mi poesía habla de koze[21] autóctonas

Koze del salón de la casa del balcón de la casa

Koze del patio de la casa

Koze de todo camino desandado de la casa.

Aquí, ya la w desbanca a la ou francesa, como en Morisseau y Castera. Entretanto, Jean-Claude Martineau, alias Koralen, hace llorar a Creole con su poema “Vyewo”:

Nan mitan yon chan kann bô Igwey,

An Dominikani,

De Ayisyen chita nan yon batey,

Pye atè, do touni.

Youn ape pale, youn ape koute.

Yo pa fè bri.

Van nan kann nan sèlman ki tande

Sa y ape di…

***

En medio de un cañaveral, al lado de Higüey

En República Dominicana

Dos ayitianos, sentados en un batey,

Descalzos, torsos desnudos.

Uno habla, el otro oye.

Sin hacer ruido.

Solo la brisa del cañaveral escucha

Lo que dicen…

Ya dueña de la poesía y del teatro, Creole piensa: “¿Por qué no expandirme más? Si me caigo, tengo suficiente respaldo para no volver a mi fealdad anterior”. Y así, empieza a cortejar la pluma de Frankétienne, poeta del movimiento espiralista. Creole no podía elegir alguien mejor. Porque la relación de estos dos es tan loca que no se compara ni con la frivolidad de Creole ni tampoco con la exuberancia de Frankétienne. Y en ese arrebato frenético de amor frivolocoexuberante, nace, en 1975, Dezafi (Los dolores de un desafío), la primera novela ayitiana escrita en idioma ayitiano, en la que Creole brinca, baila, se contonea porque –en esa conjunción de palabras que en el papel semeja la guerra de Troya, o pasos eufóricos de follajes tocado por el céfiro– le recuerdan a los tiguidip tiguidap tum, tup tup pum de los tambores de los libertadores:

Memwa nou

pran danse lwa

lan chak mak

zòtèy nou trase

lan pousyè,

lan chak twou

platpye nou fouye

nan labou,

lan chak vèvè

nou simen lan kalfou

pou lanmò

pa gen priz sou lavi (1975, 181).

***

nuestra memoria

empieza a bailar el baile de los loas

En cada huella

que nuestros dedos trazan

en el polvo,

en cada hoyo

que cavan las plantas de nuestros pies

en el lodo,

en cada vèvè

que regado en las encrucijadas

para que la muerte

no tenga ventaja

sobre nosotros.

Frankétienne no solo se convierte en el Huidobro ayitiano, sino también en el Homero ayitiano. Con esta novela a Creole ya le sobraban las prendas, las joyas…, el novelista la atiborra de una cantidad incalculable de palabras y expresiones, “marginadas por la memoria colectiva. También le permite inventar y proponer una antología de nuevas palabras para describir partes de nuestras realidades” (Desrivieres 2011b). Asimismo, Creole se regocija en Pèlen tèt (La trampa de la cabeza) (1978) una adaptación hecha en ayitiano por Frankétienne, de Les Émigrés (Los inmigrantes) del dramaturgo polaco Slawomir Mrozek. La obra es prohibida por la dictadura de Duvalier, cuyo derrocamiento, en 1986, fue

la liberación de la palabra a través de casi todos los medios de comunicación, reforzada por el estatus oficial reconocido a las dos herencias lingüísticas de los haitianos, la liberación de la palabra [...que] provoc[ó] una gran cosecha de obras y textos en lengua criolla (Desrivieres).

 tomando de la mano a Henry Deschamps,[22] con sus prendas: M ap li ak kè kontan (1989) y otras.

A ella ya no le importa la blancura o el mestizaje del papel. Se zambulle en sus fibras, las toca con sus nuevas palabras, acaricia sus líneas, sus márgenes y, a través de la sangre de las plumas, se explaya a sus anchas por las venas de los escritores modernos, como James Noël: Maji Gri Dji (Tachaduras); Fred Edson Lafortune: An n al Lazil (Vamos a la Isla) Jebca (2018); Inéma Jeudi: Gouyad legede (Contoneo de Guedé) (2009) y 100 powèm pou Jòj Kastra, youn pou Danmbala (Poemas para George Castera, uno para Damballah) (2012); Jean Durosier Desrivières: Lang nou souse nan sous (Lengua chupada de las fuentes) (2011):

manman ou chire kò l’

pou l’ lage w’ sou yon tè

tou dechire

 

tout moun griyen dan sou tèt ou

 

ou grandi grandi w’

nan gade anwo

nan gade anba

nan manyen anwo

nan manyen anba…

***

Tu madre rasga su cuerpo

Para arrojarte en una tierra

Toda rota

 

Todos se mofan de ti

 

Creces y te crías

Mirando hacia arriba

Mirando hacia abajo

Palpando hacia arriba

Palpando hacia abajo…

Sin embargo, Creole no se queda solo ahí. Visita a los cantantes y bailotea con las canciones de Koudjay y de Ram; se indigna con las de John Steve Brunach; ríe a carcajadas con las de Boukman Eksperyans; llora con amargura y tristeza con las de Manno Charlemagne; y suspira de amor con las de Alan Cavé.

Tras ese recorrido, tan largo y empinado, Creole mira hacia atrás para observar sus huellas, esparcidas por la historia de Ayití, y se llena de orgullo. Su identidad está establecida. No tiene nada que envidiar a ningún otro idioma. Posee sus propias prendas (gramática, fonética, morfología, sintaxis, semántica, pragmática), ha borrado las inseguridades de sus hablantes y escritores. Ya ha dejado de ser dialecto y es entonces cuando decide cambiar su nombre de Creole a Lengua Ayitiana, estableciendo, así, su decisiva identidad.

 

[1] Todas las traducciones sin referencias, de la lengua ayitiana y el francés, son de Jhak Valcourt, a no ser que se consigne otra fuente (N. de las Coed.). El autor también ha tenido a bien ofrecer traducciones al español de casi todos los nombres de las obras en lengua ayitiana que congrega aquí.

[2] Deduzco, basado en las desviaciones lingüísticas del francés al ayitiano.

[3] Decido inclinarme por la grafía ayitiana por encima de la francesa: Ayiti (lengua ayitiana), Haïti (francés).

[4] Por la inaccesibilidad de estos archivos, las fuentes han sido tomadas de libros y, en otras ocasiones de internet, sin consignarse por ello paginado (como es el caso de “Haïti, Hayti, Ayiti… comment s’écrit…?”, de Jimmy Larose, uno entre los varios ensayistas citados y traducidos por el propio Jhak Valcourt). Nos place el bamboleo entre el prolijo detalle sobre las ediciones que el investigador emplea y la visibilidad parcial de otras, que invita a seguir explorando y a reflexionar sobre las tradiciones escondidas de nuestras islas (N. de las Coed.).

[5] Siendo que aún Creole estaba por definir, viniendo informe de las bocas de sus hablantes, hemos mantenido en los principios de este recuento el leísmo (N. de las Coed.).

[6] Canciones Creoles.

[7] “Cuando eran esclavos, yo era la mujer más bella para sus ojos, ahora que son libres”.

[8] La ortografía es de la edición Kraus Reprint (222 y ss.).

[9] Se respeta la manera “decimonónica” de comenzar cada verso en mayúsculas independientemente de la puntuación, también en las traducciones al español ofrecidas (N. de las Coed.).

[10] Hace poco, resbalaba por la piel de las plumas y el papel, que me desdeñaban. Ahora, debo festejar los pequeños logros.

[11] Expresión ayiatiana, que se usa antes de empezar a contar un cuento. El narrador dice: “krik”, los oyentes contestan: “krak”.

[12] “¿y si en lugar de esperar que me evoquen me apodero de ellos?”.

[13] “La prisa es un barco sin timonel ni brujúla. Lo mejor es esperar”.

[14] “La caída puede ser fatal”.

[15] “No somos gentes, que pena; somos bestias, vivimos como bestias”.

[16] Las citas del panorama de Jean Durosier Desrivieres han sido traducidas por Jhak Valcourt (N. de las Coed.).

[17] He respetado al traducir las opciones elegidas por los ensayistas en su momento, al mencionar nuestra cultura con los apelativos haitiana/o.

[18] La hipérbole es un rasgo de la lengua ayitiana y, para ser fiel al verso “milyon ven”, la he trasladado al español tal cual es.

[19] Las traducciones en español de los ensayos escritos en otras lenguas, corresponden a Jhak Valcourt (N. de las Coed.).

[20] Loa del panteón vodú ayitiano.

[21] Esta palabra puede ser: 'cosas, palabritas, chismes'… No tiene una traducción directa al español.

[22] Maison Henri Deschamps, empresa ayitiana que trabaja en el sector educativo desde hace más de 120 años.

 

Léelo completo en Candela Review.

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